Sueños de ida y vuelta

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11:56 am. Otra noche sin dormir. Otra noche perdida. Una noche más. Una noche menos.

11:58 am. Vuelvo a casa. Tres días fuera. Estoy rodeado de 230 personas. 230 ilusiones.

230 sueños… y 2 pesadillas. Dos senegaleses de vuelta a casa. Dos hombres a los que se les prometió un futuro próspero en el extranjero frenado en una frontera cualquiera de un país cualquiera. Dos inadmitidos que rompen a llorar en silencio al ver truncados sus días de gloria. Sus sueños hechos realidad caen rotos en mil pedazos al ver caer a cámara lenta un matasellos de color rojo sobre la hoja 14 de su pasaporte. Media vuelta y a casa. Ya se saben el camino. Miles de euros que se van por el desagüe hasta llegar a las manos de la mafia. Miles de euros perdidos. Miles de sueños rotos.

12:08 pm. Ella llora abrazada a su enorme gato blanco de peluche. Mira y remira y vuelve a mirar la pantalla de su Nokia las fotos de ínfima calidad de su marido Walter. El peluche le da consuelo. Seguro que regalado por Walter acompañado de un Ya te extraño, mi vida en la terminal del aeropuerto. Terminal, ese nombre tétrico, a veces acertado. Terminal donde fluyen ríos de lágrimas diariamente. Donde se despiden sin saber fecha de reencuentro miles de parejas, miles de familias, apostando sus vidas a una carta intentando salir adelante fuera de sus hogares. Por el simple hecho de lograr su bienestar. Walter llora el adiós de Paulina siguiendo con su mirada el avión que le robó a su amor. Paulina le llora a él encerrada en ese avión deseando que frene por cualquier razón y retrase su salida lo suficiente con tal de volver a sentir a su querido Walter.

12:15 pm. Embarcó. Se sentó. Dejó sus cosas en el maletero que cubría su asiento. Apoyó la cabeza en la ventanilla y su cabeza comenzó a funcionar de tal forma que le provocó temblores y sudores. Se vio a miles de kilómetros de casa. Lejos de sus padres, esposa e hijos. Lejos de su familia, sus amigos… Lejos de su Vida. Nada bueno pasaba por sus ojos. Veía el futuro negro. Lo intentaba pero no podía. De repente se levantó. Recogió sus pertenencias y me dijo: Me duele la cabeza. Quiero vomitar. No me encuentro bien. Le ofrecí algo para tomar pero ya no me miraba. Sus ojos se clavaron en la puerta que fue de entrada al avión, donde él se veía volviendo a casa. Asintió con la cabeza pero rechazó la ayuda con sus palabras. Me voy. Me quiero bajar, dijo. Me rindo, pensó. Su malestar iba desapareciendo a medida que subía por la pasarela hasta cruzar la puerta de entrada al país que nunca dejó.

12:24 pm. Historias que se repiten desde que el hombre es hombre. Despedidas. Reencuentros. Hasta pronto. Hasta otra. Adiós.

Sueños rotos. Son sueños. Solo sueños. Sueños sin dueño. Sueños. Ojalá otros se cumplan. Ojalá

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