Nacemos hablando.

– Papá, ¿sabes que los niños sabemos hablar desde que nacemos?

– ¿Ah, sí?

– ¡Sí! ¡Claro! Nacemos llorando y eso es hablar.

– Muy bien, ¿y tú cómo te acuerdas?

– Yo cuando nací, me pusieron en los brazos de mamá y no sabía hablar, pero cuando me pusieron contigo sí que hablé, vamos, que lloré.

– ¡Anda! ¿Y eso? ¿Cómo te acuerdas?

– Pues porque a mamá la conocía de haber estado en su tripa muchos días y a ti no te conocía, pensé que eras un desconocido.

– ¿Y cuando te diste cuenta de que no era un desconocido, que me conocías y que era tu padre?

– Cuando me diste un beso y me dijiste “Te quiero”.

Silencio.

Conversación absolutamente real, en el coche, volviendo a casa de clases de karate. Santi no deja de sorprenderme.

Santi. 6 años. Puede ser Santi o cualquier otro niño. Si, a veces, les escuchásemos… Es verdad que nuestra vida, nuestro día a día es bastante más acelerado que el ritmo que ellos, nuestros hijos, nos exigen. Por eso hemos de hacer un pequeño esfuerzo.

Yo me propuse hace tiempo que en el momento que uno de mis hijos me abraza, siempre que salga de él, la duración del abrazo la decide él mismo, tu hijo. Lo leí en un artículo y lo llevé a cabo como prueba durante un tiempo que dura hasta hoy. Reconozco que ha cambiado mucho. Se sienten plenamente satisfechos y atendidos. Pues igual con las conversaciones. Es verdad que no todo lo que nos quieren contar es de vital importancia, tal vez no para nosotros, pero es muy probable que para ellos sí, como tampoco todo lo que nosotros les contamos les debe interesar siempre igual. Desde luego que lo ideal sería prestarles un 110% de nuestra atención en todo momento. Siendo realistas, por lo menos en mi caso y, supongo, que en el de más padres, eso es imposible. Hagamos un esfuerzo, y me hablo a mí mismo, probemos a conversar con cada uno de ellos un rato al día. Nos lo reclaman. Hagámoslo.

No solo debemos de hacerlo por mejorar esa relación padre-hijo o hijo-padre, sino porque, siendo algo egoísta, a veces te llevas estas sorpresas.

Y a ti, ¿cómo te han sorprendido?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *