Noche de Reyes… y Pajes.

Recuerdo ir a la Cabalgata de Reyes Magos desde casi antes, incluso, de tener uso de razón. Recuerdo ir nerviosísimo en el coche, en el asiento de atrás, junto a mis hermanos, a la calle Alcalá, al número 97, donde vivían mis abuelos. Ya podía hacer frío o llover o nevar, que salíamos al balcón a ver pasar los cientos de personas que animaban a los allí presentes para luego dar paso a Sus Majestades Melchor, Gaspar y Baltasar. Eran años de infancia. Nos decían que nos portásemos bien, que los pajes andaban por cualquier lado vigilando y tomando buena nota de lo que hicieran los niños. Yo imaginaba a cualquiera que paseaba por las aceras de Madrid siendo paje disfrazado de abuelita con paraguas, ejecutivo con maletín o cartero de Correos. Cualquiera podría serlo.

Durante la adolescencia seguí yendo a verles. Esta vez a pie de calle. Recogía a mis primos pequeños y nos íbamos andando desde Ayala hasta la misma calle Alcalá. Peleaban por caramelos. Hacían lo que fuera, y lo conseguían, por estar en primera fila. Les contaba lo mismo que me decían a mí de los pajes. Y ellos, como yo años antes, imaginaban a cualquier madrileño siendo un paje disfrazado de persona normal y corriente.

He seguido acudiendo cada año a la Cabalgata. Dejé de ir a la de Madrid cuando cambiaron su recorrido. Coincidió cuando mis hijos empezaron a existir. Decidimos que nos quedábamos en la de Pozuelo. No es lo mismo, por supuesto, pero los Reyes siguen siendo Reyes. Las carrozas, menos, siguen abriéndoles paso y lanzan caramelos y, al fin y al cabo, la magia es la misma. Aquí, también hay pajes. El churrero, el policía, la señora que viene con sus nietos y se pone a nuestro lado. Cualquiera puede ser paje. Cualquiera.

Pues bien, este mes de diciembre, y parte de enero, he descubierto quién, de verdad, son los pajes de los Reyes Magos. Se llaman Antonio, Raúl, Marta y Daniel. Son jovenes. Son muy amables. Vienen varias veces al día por la zona. Si te mueves por otros lugares de la ciudad, verás que está repleto de sus carrozas aunque con distintos pajes. Son pajes, no magos, no lo olvidemos. Suelen respetar tus horarios de descanso y no aparecen antes de las 9 ni más tarde de las 8 de la tarde. Son cómplices. Llegan a hacer maravillosas triquiñuelas para que entre nosotros y ellos consigamos que nuestros hijos no se enteren de su presencia. Y después de cada entrega, firma y hasta la próxima. Son nuestros queridos pajes, los repartidores de MRW y SEUR. Sin ellos, esto sería bastante más difícil.

Cada vez que les veáis, no lo olvidéis, posiblemente estén ayudando a cumplir los sueños de muchos niños. Tal vez los tuyos. Dejadles aparcar en doble fila, tened paciencia. Están a las ordenes de Sus Majestades los Reyes de Oriente… ¿o debiera decir Amazon?

Feliz Noche de Reyes. Feliz Noche Mágica. Id a la Cabalgata, corriendo a casa, a limpiar zapatos, turrón y vino para los Reyes y agua para los camellos y… a dormir, el que pueda.

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