Notas entre papá y yo

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Hace unos meses, años tal vez, leí por ahí que en el momento que se te acerca uno de tus hijos a darte un abrazo has de dejarle que sea él quien maneje los tiempos. Decía el artículo, que es él el que necesita el abrazo y no tú. Tal vez sea un simple achuchón de dos segundos debido a un estado de ánimo que se lo provoque. Puede que lleve un rato dándole vueltas a algo y necesite sentirse querido. O, simplemente, te quiere demostrar sin palabras lo mucho que te quiere. Distintos abrazos. Distintos tiempos. Hasta ese día, reconozco, los tiempos los marcaba, casi siempre yo. La razón, egoísmo. Yo, yo, yo y luego tú. Sin querer, muchas veces, y otras, queriendo, le s dedicaba el tiempo que yo pensaba era suficiente. Siempre estuve equivocado. Siempre. Leí aquél artículo y algo en mi vida, nuestras vidas, mi relación con ellos cambió. Ahora, lo que en un principio era forzado, los abrazos duran lo que ellos, mis hijos, deciden. Hazme caso, si es que no lo haces ya, prueba y sigue el consejo que aprendí. Te lo agredecerán.

Un día, otro día, una noche, al abrir la cama me encontré con una nota de mi hija. Decidí contestarla y se la dejé la noche siguiente bajo su almohada. La leyó y me volvió a escribir. Así hasta que no quedó espacio blanco en la hoja. Empezamos una nueva. Día tras día, noche tras noche. Confidencias. Secretos. Preguntas. Respuestas. Cotilleos. Temas trascendentales. Temas absurdos. Bobadas. Palabras, al fin y al cabo. Ella escribe. Yo respondo. Yo escribo. Ella responde.

Lo que empezó en un simple folio se ha formalizado en un cuaderno. “Notas entre papá y yo”. Disfrutamos escribiendo. Nos reímos leyéndolo. Pasamos de ser padre e hija a confesor y confesado. Ella me cuenta. Yo le cuento. Nos contamos. Lo que, a lo mejor, no se atreve a contarme de palabra por vergüenza, pudor, miedo… lo hace por escrito.

No soy quién para recomendar hacer nada a nadie. No soportaba, cuando nacieron mis hijos, que vibiera alguien a decirme qué hacer. Solo digo que disfruto una barbaridad con este cuaderno. Disfruto leyéndola. Disfruto sabiéndola. Disfruto conociéndola. Intentaré hacerlo con el resto. Aunque, al tener personalidades tan distintas, es muy posible que no sea lo mismo. Que no quieran.

Abrazos. Notas. Abrazos y notas.

“6-6-2016

Papá, como me decías ayer en lo que escribiste…”

 

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