Apaga la radio

Soy el segundo de cuatro hermanos. Durante muchos años, compartí habitación con el mayor de ellos. Durante algún tiempo dormimos con las camas pegadas hasta que la adolescencia hizo que las separásemos unos metros…

Desde que tengo uso de razón, recuerdo vivir con voces de fondo. Despertaba por la mañana y oía a lo lejos la radio de mis padres. Programas de la mañana, noticias, tertulias, sociedad… íbamos en coche al colegio. De camino: la radio encendida. Vuelta a casa y los programas de la tarde. Ya por la noche, más de lo mismo. Me acostaba como veía que lo hacía mi madre siempre. Radio encendida. El volumen muy bajo para no despertarle. Todas las noches, todas, bronca y enfados. “¡Apaga la radio!” Total, que le bajaba el volumen al mínimo y hacía un esfuerzo sobrehumano par oír a Gomaespuma. Aguantaba despierto hasta que empezaba García. Ahí, en el momento álgido de la discusión político-deportiva de turno, caía en brazos de Morfeo hasta la mañana siguiente.

Alguna noche llegaba a mi cuarto y la radio no estaba. Me la había escondido. En casa siempre había alguna en algún cajón. Siempre, todas las noches, conseguía una.

Un año me compré una con entrada de auricular. Un follón. Amanecía semiahorcado con el cable. Vuelta a los inicios. Volumen bajo y la radio de fondo. He aprendido, con el tiempo, que no sé dormir sin escuchar la radio. Animales de costumbres.

Me ingresaron varios días en un hospital. Radio.

Iba a casa de algún amigo a dormir. Radio.

Me quedaba en casa de mis abuelos alguna semana en verano. Radio.

Siempre a cuestas con la radio.

Me compré mi primer coche. Antes de arrancarlo, antes de esteenarlo, sintonicé la radio.

Me compré el segundo coche. Llegué a casa. Me dispuse a hacer lo mismo y… sorpresa… esta radio no tenía AM. Llamé al comercial que me vendió el coche. Me juró y perjuró que todas las emisoras de AM acabarían en FM. Tardó un tiempo, mucho, pero acabó siendo así.

Llegaron los móviles. Llamadas, mensajes, juegos y… radio. Supongo que será algún tipo de adicción. Algún tipo de gen torcido. Alguna herencia de ella, mi madre. Siempre a cuestas con la radio.

Me casé… “¡Apaga la radio!” Ya no es él, aquél que dormía al otro lado de mi cuarto. Hoy es ella, la que duerme al otro lado de la cama.

Hoy es el Día Mundial de la Radio. Hoy pienso dormirme con la radio encendida. Con mi radio. La radio.

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