Era alta y delgada, como su madre, morena y salada.

Ayer por la mañana salí a dar una vuelta. Como todos los días. Misma hora. Mismo paseo. Misma gente. De vez en cuando aparece alguien nuevo. Ayer, precisamente, conocí a alguien. Alguien a quién nunca antes vi.

Ayer, a eso de las 9, salí a dar ese paseo. Llovía. Menuda novedad. Llovía sobre mojado. Sobre mojado, nevado, mojado, nevado. Llovía. La gente me miraba con buenos ojos. Algunos. Otros no. No les debo de gustar. Allá ellos. Yo iba a lo mío. A mí me dan igual sus miradas. Yo seguía a lo mío. Me dijeron que debía andar unos cuantos kilómetros todos los días. Mañana y tarde. Si es posible, también a mediodía. Ayer, como decía, la conocí. Era alta y delgada, como su madre, morena y salada. Eso cantaban. No, ella no cantaba. Contoneaba su hermoso cuerpo de un lado a otro. Me miraba. Yo, también. Miraba. A los ojos. Era preciosa. Me miraba de nuevo. Disimulaba y miraba hacia otro lado. Vergüenza, tal vez. Miedo. No, miedo no. Seguí su olor. Olía a recién salida del baño. Desprendía ese aroma a jabón recién aclarado. Todavía llevaba la melena húmeda. Podría ser por la lluvia. O no.

Pasó un rato y notó que seguía tras ella. Se acercó. Ahí sí que me entró el tembleque. No sabía qué hacer. Cómo reaccionar. Así que hice lo de siempre. Me acerqué. La rodeé. La miré fijamente y cuando se descuidó… le olí el culo. Me gruñó. Se acercó a su amo y siguieron su paseo. Me acerqué a un árbol, levanté la pata derecha. Hice un pis y corrí tras la piña que perdí de vista por culpa de aquella perra. Era alta y delgada, como su madre, morena y salada. Era una Collie.

Mañana saldré de paseo. Mañana, otra vez. Mañana volveré a verla. O, tal vez, no.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *