Hijo de puta

Hijo de puta,
Te escribo estas lineas después de leer tus comentarios, ocultos tras un perfil anónimo de twitter. Eres un hijo de puta malnacido.

Hijo de puta,
He visto como te alegras de la muerte de Víctor Barrio, torero, sí, pero persona, ser humano, como tú y… no, qué va, como tú no, como yo. Eres un hijo de puta malnacido.

Hijo de puta,
Has tenido los santos cojones de escribir en el perfil de su mujer, viuda, que todavía no había ni enterrado a su marido. Lo has hecho con el único fin de que te leyera y te sufriera. Eres un hijo de puta malnacido.

Hijo de puta, sí tú, hijo de la gran puta,
Dices defender la vida de un toro alegrándote de la muerte de un ser humano. Si tanto te gustan los toros vete a un prado y ponte a cuatro patas como ellos. A ver cuanto tiempo duras con el culo entero. Eres un hijo de puta malnacido. Un grandísimo hijo de puta.

Hijo de puta,
No te deseo la muerte, no te la mereces. Te deseo algo peor. Que algún día sientas tanto lo que has hecho, lo que has dicho, y no puedas mirarte al espejo. Que no quieras saber nada de ti. Que te odies. Eres un cabronazo y, sí, un verdadero hijo de puta.

Hoy ha sido un torero, mañana un policía, pasado un político y siempre, siempre, desgraciadamente habrá algún hijo de puta como tú dando la puta nota y alegrándose por ello. Sois todos unos hijos de la grandísima puta y estamos hasta los cojones de vosotros.

Notas entre papá y yo

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Hace unos meses, años tal vez, leí por ahí que en el momento que se te acerca uno de tus hijos a darte un abrazo has de dejarle que sea él quien maneje los tiempos. Decía el artículo, que es él el que necesita el abrazo y no tú. Sigue leyendo

Gente que te cruzas

En la vida te cruzas con gente, con mucha gente. Al nacer, sin ir más lejos, ya te encuentras a un fulano vestido de verde que te agarra de la cabeza y empieza a girarte como si descorchase una botella y… ¡pop! una vez fuera ya empiezas a cruzarte con gente. Sigue leyendo

Asco de sociedad. Asco de gente.

De pequeño les veía y me daban un poco de miedo. Esa mirada perdida. Esos ojos hundidos. Esas facciones de la cara tan marcadas. Esas ropas tan sucias. Reconozco que me daban miedo, mucho miedo.  Sigue leyendo

Amor

Amor… Según el Diccionario de la real Academia es…

amor
Del lat. amor, -ōris.
1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.

Pero no, amor no es eso. Sigue leyendo

Noche de Reyes… y Pajes.

Recuerdo ir a la Cabalgata de Reyes Magos desde casi antes, incluso, de tener uso de razón. Recuerdo ir nerviosísimo en el coche, en el asiento de atrás, junto a mis hermanos, a la calle Alcalá, al número 97, donde vivían mis abuelos. Ya podía hacer frío o llover o nevar, que salíamos al balcón a ver pasar los cientos de personas que animaban a los allí presentes para luego dar paso a Sus Majestades Melchor, Gaspar y Baltasar. Sigue leyendo

El bueno de Titón.

Termina 2015. Termina este año y no quería dejar pasar un día más para hablarte de un buen amigo mío. Hay personas que desde el primer momento que conoces sabes que algo especial corre por sus venas. Gente a la que según estrechas la mano por primera vez te hace sentir algo bueno. Muy bueno. Este es el caso del que te quiero hablar. Sigue leyendo

Su otra Navidad

La otra Navidad.

 

Feliz Navidad.

 

 

Nacemos hablando.

– Papá, ¿sabes que los niños sabemos hablar desde que nacemos?

– ¿Ah, sí?

– ¡Sí! ¡Claro! Nacemos llorando y eso es hablar.

– Muy bien, ¿y tú cómo te acuerdas?

– Yo cuando nací, me pusieron en los brazos de mamá y no sabía hablar, pero cuando me pusieron contigo sí que hablé, vamos, que lloré. Sigue leyendo

Hace cuatro años

Veinticinco palabras en cuatro renglones. Cuatro años. Cada año que pasa más me hablan de ella. Sobretodo él, el pequeñajo, el que apenas la conoció. Que le habla con el corazón. Andando por la calle, agarrados de la mano, pregunta por ella. No puedo más que agradecérselo y apretarle fuerte. Los mayores también. Pero me sorprende que él, que tenía dos años, lo haga. Curiosidad, supongo. Esa curiosidad que me mata… de alegría.

http://hayqueteneralgoquedecir.com/2014/11/01/veinticinco-palabras-en-cuatro-renglones/