Nely y su mercadillo

Nely. Tal vez no te diga nada ese nombre. Normal. Eso es que no has estado nunca en su mercadillo. Nely. Si lo buscas en el diccionario lo encontrarás entre nelumbo y nema. Nelumbo es una planta de flores blancas y amarillas. Una planta a la que hay que regar igual que su mercadillo, del que se ocupa su equipazo de jardinería para tenerlo a punto año tras año. Su familia y amigos. Nema es el hilo con el que antiguamente se cerraban las cartas antes de sellarlas. Ese hilo es Nely, el hilo conductor entre nosotros y la Asociación Pablo Ugarte. 

Nely está casada. Tiene cuatro maravillosos hijos. Tiene, más que una familia, un equipo de primera. Ese equipo, hace varios años, vio como su madre se volvió tremendamente loca y empezó a meter en casa camisas, pantalones, zapatos, juguetes, libros, quesos, cremas… ¡de todo! No, no sufría del Síndrome de Diógenes. No. Sufría de una enfermedad que ojalá tuviéramos todos. Solidaridad. Generosidad. Amor. Llámalo como quieras. Como decía, llenó su casa, se lió la manta a la cabeza y se lo fue contando a todo el mundo. “Tal día, en casa, mercadillo.” Un año. Dos. Tres. Cuatro. Y este año hace el quinto. 

Un año más. Un mercadillo más. Un montón de gente buena que por una razón u otra aparece por su casa y algo se llevan. Algo que se convierte en sueños cumplidos de los niños a los que, finalmente, llega ese dinero. El cáncer infantil, en este caso infantil, tiene una contrincante más llamada Nely. 

Nely. Tal vez no te diga nada ese nombre. Normal. Eso es que nunca has estado en su mercadillo. Ya sabes, ve a su casa y verás cómo cambia el cuento.

¡Nely, ánimo y a por otros cinco!

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