Mear de pie en whatsapp

Hoy me he vuelto a ver metido en un tremendo lío. Las madres de los compañeros de colegio de mi hijo han creado un grupo de whatsapp. Me da un poco igual el hecho de que se pongan a cotillear como una manada de porteras a la hora de cierre de portales. Lo que no llego a entender es por qué me incluyen a mí. Vale que soy de los pocos padres que lleva a los niños al colegio casi a diario. Pase que me traigo a sus hijos muchas veces a casa, que debe ser la razón por la que casi todas tienen mi número de teléfono. Reconozco que mi defecto, o virtud, de hablar hasta con las farolas haga que todas me conozcan. Pero de ahí a meterme en sus grupos de madres… 

No es la primera vez. Aquella, la primera, me vi envuelto en una discusión cromática. Que si el regalo común que haríamos a una cumpleañera de 5 años era mejor un vestido rosa con un cuello estilo princesa en blanco roto, bordado a todo bordar con bodoques y rematado con unos botones estilo francés que rompen con el estilo clásico del patrón original. Mira, ni sabía lo que era el blanco roto, ni mucho menos el estilo ese francés del que hablaban y para qué contaros y aburriros con mi desconocimiento total de lo que es un bodoque… o un patrón. 
Me fui. Abandoné. En cuanto salió el tema elección de flores para la madre que invitaba me largué. Me piré sin previo aviso. No debió de sentar nada bien pues acto seguido me llegaron seis mensajes de seis madres pidiendo explicaciones. Respondí de una manera un tanto grosera, el tiempo ha pasado y así lo veo ahora… “El único que mea de pie soy yo. Las que lo hacéis sentadas, seguid discutiendo si es mejor un centro de margaritas de colores o un ramo de rosas sin espinas”. 
Lo han intentado varias veces más. Sigo buscando y no consigo ver nombres masculinos en la lista de miembros. Les he dado el teléfono de mi mujer. Pensé que pillarían la indirecta. Perfecto, lo han entendido a la primera, pero parcialmente. Ahora nos meten a los dos en los interesantísimos grupos que tanto me aportan. Vamos a ver, que yo no os meto a vosotras en los grupos de colegas discutiendo si es mejor cortar las palmeras del jardín con sierra o motosierra, o en aquél donde organizamos el partido de fútbol de solteros contra casados. Tampoco recuerdo veros en el sonadísimo grupo de la despedida de soltero de Juan. ¿Acaso os preguntamos algo de aquello? No, ¿verdad? Pues eso, que no quiero ser miembro de ningún Club de Madres. Insisto, cuando voy al cuarto de baño es posible que no levante las dos tapas como vosotras, pero es que no lo hago para sentarme, sino porque se me olvida. Meo de pie. 
Me reconozco paciente. Pero todo tiene un límite. Aprended de los vascos y sus asociaciones gastronómicas. No entran tías. Tomad nota del deporte. En la WTA (Asociación de Tenis Femenino) no hay tenistas con pelo en pecho… Joder, Navratilova me chafa este ejemplo. Aprended entonces del equipo de natación sincronizada, solo ellas. Tomad nota entonces: en el grupo “madres del cole” no hay sitio para mí, ni un hueco. 
 
Hoy, decía, me han metido en otro grupo. Hoy hay movida entre dos de ellas. Hoy… me quedo. 

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